Aprendí que la intimidad en la red es imposible, pero que más da, ni que yo tuviese mucho que esconder. Publico mi vida: sí, narcisismo puro y duro, pero las penas son menos penas cuando se comparten y una alegría también vale más en compañía, por ello, os devuelvo a todos este pequeño rinconcito, que aunque con otro formato, será basicamente lo mismo.
Sin necesidad de ir a clase, ¿qué más da lo que haga o diga?, me gradué el viernes pasado y para mí, aquella, una sensación única. Vi a todo el mundo, a los que quería ver y a los que no, aunque para mi gozo personal abundaron más los primeramente citados. Estaba Rocío, estaba Virgínia, estaban Wagner y Juanito, Reseco, Laura, Lucía, incluso me hizo ilusión ver por ahí al estúpido de Marabini, que me consta que me aplaudió. Faltó gente también, gente que hace unos meses no me hubiera imaginado su ausencia, pero que más da, todos cambiamos, y ahí está la gracia de la vida. En el acto, uno a uno pisamos el escenario mientras pronunciaban nuestro nombre en el micrófono: Abundaban los vestidos cortos, trajes de chaqueta, las uñas rojas al estilo bedette y como no, los tacones de aguja, que regalaban centimetros de más a todas las que los lucían. Toda la gente estaba cambiada, ¿pero ellas? ellas estaban guapísimas como siempre.
