26 de julio de 2008

Decidí retroceder

La luz aun no cegaba mis ojos, caminaba despacio, aturdido e intentando no pensar en lo que estaba pasando. Las sillas de Mahou y de Coca-cola se iban sucediendo, comenzaban a colocarlas a esa temprana hora. Yo seguí andando ajeno al trabajo de aquellos currantes de pie de playa. Anduve mucho, demasiado, hasta aburrirme. Me senté en el suelo y a media mañana me despertó un hombre que alquilaba sombrillas: me quité la tierra y continue mi camino. Me di cuenta, que estaba en el comienzo de una nueva etapa.

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